Antes de ir al libro que nos ocupa: Melocotón loco, de Megan Maxwell, permíteme que te cuenta, en un loco y divertido relato, cómo llegué a él.
Había una vez una personita que huía despavorida de las novelas románticas hasta que un buen día, paseando por un bonito lugar, que solía frecuentar, vio a una compañera de lecturas y letras con un libro bajo el brazo, que no iba nada con sus lecturas. Extrañada, frenó en seco y volvió a fijar la vista en la portada que relucía repleta de corazones. Tras verificar que el libro y la autora no eran fruto de una visión y que la lectura escogida no se trataba de un delirio que hubiera trastocado a su compañera (más bien de un reto que se había propuesto), fue tentada por esta y por una especie de hada simpática y romanticona a caer presa en las redes de la Maxwell y de su Melocotón Loco. Como la personita en cuestión buscaba una próxima lectura y precisaba algo divertido y ameno que leer, se dejó seducir por la idea de dejarse enmarañar por melocotones locos, bomberos buenorros y amor del que hace que revoloteen mariposillas en el estómago, pasando a sumergirse de lleno en los amoríos de sus páginas.
Primer libro que leo de Megan Maxwell y debo decir... ¡que me ha gustado! Me he reído, emocionado y reconozco que me he visto atrapada, ávida por saber qué les deparaba el destino a los protagonistas y cuántos encuentros y desencuentros iban a vivir. Desde mi punto de vista le hubiera quitado un poco de lío a la historia, pero en general, he disfrutado de la lectura, que es de lo que se trata.
Hay momentos en que buscamos un género o nos llenan más otro tipo de historias. Yo soy muy de literatura fantástica, pero por lo general intento leer todo tipo de géneros, más desde que estoy en el grupo de literatura. Considero que hay que tener la mente abierta y dejarse sorprender, sin encasillarse en un autor o género en concreto. Ya sabéis, en la variedad está el gusto, según dicen.
No obstante, reconozco que al principio me chocó y me costó, puesto que determinados tipos de comportamientos femeninos y masculinos me chirrían. Sin embargo, visualizando la historia en mi cabeza, me dije a mí misma… “al fin y al cabo es como si estuvieras viendo una comedia romántica, y esas te gustan, pasas un buen rato y te evades de todo”. Desde este momento, justo fue como tener una enorme pantalla de cine mental, poniendo alguna que otra cara conocida a los personajes, riendo o preocupándome con ellos y visualizando cada gesto de unos y otros.
En el grupo de literatura, hace unos días, otra persona reseñó otro libro de esta autora: El día que el cielo se caiga. Me sorprendió ver que pensábamos lo mismo: tal vez las historias que cuenta Megan te parezcan enrevesadas, algunas casi imposibles, pero lo que es verdad es que, quien más y quien menos, ha vivido historias de amores y desamores, un "ahora yo sí, pero tú no, y después justo al contrario", princesas que quieren ser macarras, tipos duros que esconden un corazón tierno, empollones que podrían ser auténticas máquinas sexuales pero a los que su timidez no les deja dar un paso más allá de su círculos y sus libros, tíos que van de chulos por la vida y mujeres que van de divas y reinas, y un largo etcétera. Pero así es la vida, y siempre puede sorprendernos mucho más que cualquier historia que nos puedan contar.
Pero si hay algo cierto, es que con este tipo de historias, vuelves a creer y a encontrarte con esos primeros amores de juventud con los que bailaban mariposas en el estómago, se te iluminaban los ojos cuando veías a la persona que te gustaba, cuya cercanía provocaba que no hicieras una a derechas… En fin, es tan bonito el amor que porqué no vas a vivirlo también viendo una película o leyendo y recordando esos primeros amores vividos.
Sinopsis:
Ana y Nekane regentan un estudio de fotografía en el casco antiguo de Madrid. Un día se declara un incendio en su edificio y, aunque están acostumbradas a trabajar con modelos de lo más glamurosos, no pueden dejar de sorprenderse ante aquellos valerosos «machomanes» vestidos de azul que no se preocupan porque su pelo se encrespe ni sus manos se ensucien.
Cuando el objetivo de la cámara de Ana se centra en Rodrigo, su corazón le indica que ya nada volverá a ser igual. Él se da cuenta de la forma embobada en que lo está mirando y, a pesar de que no le gusta, inician una extraña amistad. Todo se complica cuando Ana descubre que está embarazada y Nekane la anima a que cumpla su fantasía sexual con el bombero antes de que la barriga, las estrías y los vómitos matinales se manifiesten y lo espanten.
Pero una mentira de Ana a sus padres ocasionará un sinfín de enredos y situaciones.

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