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viernes

Tranquilas, historias para ir solas de noche

 Catorce escritoras españolas reunidas para exorcizar al “lobo”. 

Reseña de Tranquilas, historias para ir solas de noche

Proyecto de María Folguera y Carmen G. de la Cueva. Las mujeres arrastramos un miedo que ya forma parte de nuestros genes. Inmersas en una sociedad patriarcal y machista aprendemos a temer, a ser cuidadosas, a mirar atrás.

Todas y cada una de nosotras llevamos impresa alguna pequeña o gran historia, marcada a fuego en nuestra mente o en nuestro cuerpo. Desde pequeñas hay lobos que nos miran viendo más de lo que somos, convirtiéndonos en objetos de mentes calenturientas.

Inocentes, no vemos más allá de miradas empalagosas, palabras babeantes, acercamientos a todas luces inusuales para nuestros jóvenes cuerpos. La mujer como un objeto nacido para el “uso y disfrute de los machos”.

Vivencias que no sabemos o que no nos atrevemos a definir

Es tal la educación que recibimos, es tal la impronta en la sociedad, que cientos de historias pasan como algo “normal”. Vivencias que no sabemos definir y que damos por sentado que son merecidas o buscadas. 

Por suerte, muchas elevamos la voz para que el resto de mujeres sepan que esto no es lo “normal”. Para que se hagan valer, decididas a cambiar bases de la sociedad y construir nuevos cimientos desde donde elevar una nueva educación y moralidad.

Muchas veces esto pasa por limpiar rincones, eliminar suciedad y telarañas con el fin de dejar entrar la luz que purifique. Esto pasa por sacar a nuestros monstruos y enfrentarnos a ellos. Decir a voz en grito lo que es el feminismo y que, los que estén alrededor, se enteren, nos den la mano y nos acompañen por un nuevo camino.

Estas valientes catorce mujeres decidieron volcar, con su puño y letra, miedos, amenazas, abusos y vejaciones en relatos duros y necesarios con los que identificarse unas y aprender muchísimo otros.

Un libro maravilloso para leer, compartir y comentar. Un proyecto de María Folguera y Carmen G. de la Cueva.

Con Marta Sanz, Edurne Portela, María Folguera, Lucía Asué Mbomío Rubio, Sabina Urraca, Silvia Nanclares, Roberta Marrero, Carme Riera, Jana Leo, Nerea Barjola, María Fernanda Ampuero, Gabriela Wiener, Aixa de la Cruz y Carmen G. de la Cueva.

Ilustrado por Sara Herranz.

Sinopsis

Los lobos aparecen en los cuentos clásicos para enseñarnos a las niñas a temer el bosque. Más adelante sabemos que también debemos temer las calles, salir de noche, los portales, los bares, el sonido de los pasos a nuestras espaldas, los coches que se acercan por una calle tranquila. 

Con el tiempo nos damos cuenta de que el mundo entero es una amenaza con la que lidiar cada día y cada noche. Y así no nos queda más que proponemos ser valientes porque tenemos derecho a tener una vida intensa.

Catorce escritoras españolas de excepción borran los límites entre la autoficción y la literatura con estas historias, maravillosamente ilustradas por Sara Herranz. Cada una de ellas abre un camino para identificarnos, conmovernos, reaccionar y caminar sin miedo por las calles que nos pertenecen.

¿Qué me ha aportado leer Tranquilas, historias para ir solas de noche?

Tal y como he dicho es un libro para leer, compartir y comentar. 

Es necesario sacar y valupear a nuestros monstruos y esto, en compañía, nos hace más fuertes. Leído en conjunto con valientes mujeres con las que he recorrido este oscuro camino en el bosque.

He vuelto a ser consciente de lo que hemos avanzado, pero también de lo mucho que queda por hacer. Comencemos con nuestros pensamientos, con la educación a niños y niñas, con el respeto por bandera.

Un libro imprescindible para ti, mujer; y más necesario aún para tí, hombre, para que veas con nuestros ojos la realidad femenina.

jueves

Reflejos - Relato de Inma


Relato escrito para el evento de escritura de Julio: Historias alrededor de la hoguera. Acércate que te cuento...

Reflejos


En el lago relucía una brillante estela cual camino que conducía a la luna llena. Hacía una noche preciosa en la que, a pesar de la gran esfera luminosa, junto al lago, en el claro del bosque, podías distinguir cientos de estrellas. Había sido una gran idea apuntarse al campamento. A pesar del gran enfado que le duró varios días, porque sus padres no le dejaban llevar su telescopio, ocasiones como aquella no se presentaban en su casa, encerrada entre millares de edificios, en una ciudad atestada de luces. Pero sus padres le habían prometido que irían, más adelante, a la zona algún fin de semana que otro llevando su querido telescopio. El campamento estaba como a una hora y pudieron comprobar que alquilaban, por la zona, pequeñas cabañas de madera. Todo un descubrimiento, porque, hasta entonces, ninguno sabía de la existencia del lugar, a pesar de que era destino para excursiones de colegios y boys scouts.Tan solo habían llegado a ellos algunas habladurías que circulaban sobre el gran lago que despuntaba en el centro. Tonterías de personas mayores. La abuela Maruja le había dicho que se tragaba a los niños.

—Anda abuela, porque hace dos años una niña se ahogara allí, no quiere decir que el lago esté embrujado. La cuestión es: ¿a quién se le ocurre, cuando tan solo había comenzado a aprender a nadar, irse sola a bañarse? Y menos aun, de noche. —Le miró divertido—. Ya sabes que tu nieto nada a las mil maravillas y que voy siempre con mucho cuidado.

—Yo solo te digo que no me gusta ni un pelo —aborrecía cuando la trataba como a una vieja estrafalaria—. No quisiera yo que a mi rapaciño le pasara nada malo.

—Abu, no seas melodramática. Venga, ven que te dé un beso, que en nada me tienes de vuelta, dándote la lata de nuevo.

Sonrió al recordar aquella conversación con la abuela. Aunque delgada y poca cosa, desbordaba una vitalidad que más de una de sus compañeras de instituto hubiera querido. Pero una cosa era no bañarse solo por la noche y otra muy distinta, perderse el espectáculo que ofrecía la cúpula celeste sobre su cabeza. Así que allí estaba, tendido sobre su toalla de baño, cerca del lago, mientras el resto de sus compañeros dormían o bien charlaban y reían alrededor del fuego. No es que no le gustara estar con ellos, pero prefería perderse un rato y disfrutar de las estrellas, aunque fuera sin su amado telescopio.

De pronto abrió los ojos sorprendido por un murmullo que escuchó a su derecha. No recordaba haberse dormido… quizás sí cerrado un momento los ojos, relajado ante tantísima paz, pero nada más. Tenía frío y se frotó los brazos con energía. Sin duda había bajado mucho la temperatura. Estaba más cerca del lago de lo que recordaba y la noche, en torno a él, aparecía muy brumosa. Se levantó rápido e intentó abrigarse envolviendose con la toalla. Miró hacia atrás en busca del resplandor de la fogata y de las construcciones de madera, pero no vió nada de nada. Comenzó a asustarse y se giró desconcertado mirando a su alrededor. La niebla se había extendido tragándose árboles, piedras y matorrales.
Solo era eso, un manto que no le dejaba ver el campamento, nada más.
Se arrebujó aún más con la toalla dirigiéndose en dirección a donde creía que se encontraban todos sus compañeros.

Le pareció que ya veía un resplandor algo más adelante y apretó el paso, ya estaba cerca. Se paró en seco a los pocos pasos. Aquella luz era solo el reflejo de la gran luna en el lago. No podía ser, se había alejado del mismo hacia el campamento y de nuevo volvía a encontrarse ante aquella masa inmensa de agua. Maldiciendo, le dió una fuerte patada a una piedra que, con gran estrépito, quebró la líquida superficie.
Y entonces, de nuevo, aquel murmullo. Asustado, comenzó a caminar hacia atrás, trastabilló y cayó al suelo. “Vamos Jorge, no seas niñato”. Se había hecho un rasguño en la mano al caer y, de forma automática, se la llevó a la boca para calmar el dolor. Tras respirar de forma pausada para calmarse, se alejó de nuevo del lago, pero esta vez más rápido, con más determinación. Había dado como mucho unos treinta pasos cuando se percató de que allí estaba de nuevo, esperándolo. “Maldita sea, ¿qué es esto?”.

Un búho ululó sobre su cabeza.
Asustado dirigió hacia allí su mirada.
Unos enormes ojos anaranjados parecían escudriñarle. “No seas neurótico —se oyó decir— solo es un búho. Te pareces a la abuela."

Respiró hondo.
Tenía que calmarse.

Esperaría a que se retirara la niebla y así no volvería a perderse.
Una nube impertinente cruzó el cielo, abrigando a la luna sin permiso.
La oscuridad se acrecentó y con ella la sensación de frío. Jorge tiritaba, intentando que la toalla diera de sí. Miraba a derecha e izquierda tratando de ver algo y, a la vez, con miedo a hacerlo, por lo que pudiera aparecer. Tan solo el agua parecía guardar algo del resplandor que instantes antes refulgía en su superficie. El ave nocturna volvió a ulular. A su alrededor comenzaron a agitarse algunas ramas. Jorge quiso apartarse de las mismas y, sin percatarse, se acercó a la orilla. El murmullo apareció de nuevo, claro y fuerte: “Aquí”. Jorge, tenso como una vara, consideró que aquella voz provenía del lago, así que, tragando saliva, se acercó muy despacio. Entonces se vió, allí estaba, su perfecto reflejo: enrollado con la toalla, temblando y muy asustado. “¡Aquí!”, volvió a escuchar. Pero, perplejo, comprobó que el sonido provenía de su imagen. El movimiento de los labios y la mirada le delataba. Observó cómo "aquello" extendía su brazo hacia él. No era una visión. Allí estaba la extremidad sobresaliendo de la superficie, clamando y esperando que agarrara su mano. Como hipnotizado, fue poco a poco adentrándose en el agua, llegó a su altura y agarró la mano que le sujetó con fuerza. “Gracias” “¿Por qué?” “Porque ha llegado tu turno” “¿Cómo?” No le dió tiempo a más, porque un fuerte tirón lo sumergió. Pataleó y se revolvió perdiendo su toalla. Solo distinguía ante él su propia mano que tironeaba constantemente de él. Desesperado luchó esperando soltarse. Tal vez fue por ello que todo se aquietó y dejó de sentir que tiraban de él, aunque la mano seguía sujetándolo con firmeza. Era el momento, tomaría otras medidas para liberarse. Se lanzó a muerte a morder con los dientes aquellos dedos que tan bien conocía, pero un dolor le atenazó y abrió la boca para gritar. Comenzó a sangrar allí donde debía de haber clavado sus incisivos en su clon, pero el daño repercutió en su propia persona. Frente a él apareció su cara, extrañamente refulgente, con los ojos amarillos y una sonrisa maquiavélica. Volvió a gritar aterrorizado. El agua entraba en sus pulmones, pero seguía respirando. Debería estar ahogándose, pero ¡respiraba!, aunque aquello fuera una auténtica locura. Aterrado quiso alejarse de aquella faz que le clavaba la mirada divertido. “Vamos, no luches. Aquí podrás observar siempre tus estrellas, todas y cada una de tus noches”.

La niebla se abrió. De la superficie del lago emergió el joven. Sus compañeros llevaban horas buscando y llamándole desesperados. “¡Jorge!, ¡mirad, está allí!”. Todos acudieron en tromba. Su amigo, aunque pálido, sonreía aliviado.

—¿Qué te ha pasado?

—No, no lo sé… Tal vez me levanté durmiendo… Sea como sea, me he llevado un susto de muerte cuando me he visto en el agua. Menos mal que estáis aquí y que ya ha pasado todo.

Preocupados, le llevaron hacia la hoguera para que se secara, calentara y pusiera ropa seca. Mientras entraba en calor, en sus pupilas se reflejaba el resplandor del lago y un inquietante brillo amarillento.

Nadie vale mas que el otro


"Nadie vale más que otro" de Lorenzo Silva. Compuesto por 4 relatos cortos sobre casos de la pareja de guardia civiles del departamento de homicidios: el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro.

Podríamos decir que es una lectura independiente del resto de la saga, pero con la pareja protagonista de la misma, por lo que aconsejaría leer el libro tras haber leído ya por lo menos el primero.

Sinopsis

En Nadie vale más que otro, Lorenzo Silva nos convierte de nuevo en testigos privilegiados de las pesquisas de los célebres Chamorro y Bevilacqua, pero en esta ocasión el lector tendrá la oportunidad de adentrarse en cuatro casos diferentes en los que se pondrá en juego la pericia y perspicacia de esta pareja de investigadores.

El asesinato de una mujer en el que todas las sospechas recaen en un marido con un largo historial de malos tratos, la violación y la muerte de una niña, el hallazgo del cadáver de un delincuente común donde todo parece indicar que se trata de un ajuste de cuentas y el crimen contra un inmigrante en un pequeño pueblo son los cuatro asuntos que tienen como nexo, además de suceder todos en periodos estivales, el hecho de ser crímenes tan cotidianos como los que se leen a diario en los periódicos, alejados de la extravagancia y de la sofisticación y, en consecuencia, tan reales como la vida, o la muerte, misma.

Manual para mujeres de la limpieza


Editado por Alfaguara, esta ha sido mi última lectura "Manual de instrucciones para mujeres de la limpieza", de Lucía Berlín.


Se trata de una recopilación de historias y cuentos, algunas con partes de su intensa vida y otras partes fruto de la imaginación de esta enigmática autora. Una mujer que hizo todo tipo de trabajos. Parte de su existencia estuvo muy marcada por una dependencia fatídica al alcohol. ¿Qué decir? Su escritura es impactante, su forma de narrar y definir te hace tener una idea exacta de la situación. Directa, rápida, contundente...

Algunas historias me han gustado mucho. Para otras... no era el momento para mí.

Sinopsis:

Con su inigualable toque de humor y melancolía, Berlin se hace eco de su vida, asombrosa y convulsa, para crear verdaderos milagros literarios con episodios del día a día. Las mujeres de sus relatos están desorientadas, pero al mismo tiempo son fuertes, inteligentes y, sobre todo extraordinariamente reales. Ríen, lloran, aman, beben: sobreviven.