«Pasadas las seis de la tarde, tras haber bebido té hasta la saciedad, salí de una estación que no recuerdo ahora cómo se llamaba, pero sí recuerdo que no estaba lejos de Novocherkask, en tierras de los cosacos del Don. Ya había oscurecido cuando, cubriéndome bien con un grueso abrigo de piel y una manta, me senté en el trineo al lado de Alioshka. Parecía que más allá de la estación de postas el tiempo fuese templado y tranquilo. Aunque no caía nieve, no se veía ni una sola estrella y el cielo daba la impresión de estar extraordinariamente bajo y negro, si se comparaba con la inmaculada llanura nevada que se extendía frente a nosotros.»
Así comienza Lev Tolstói su relato en una pequeña pero intensa novela leída una sentada. Buscaba novelas cortas pero profundas, lejos de los títulos más comerciales. No cejo en mi empeño de adentrarme en los clásicos y en otro tipo de literatura menos vista y comentada. De esta forma llegué a La tormenta de nieve con una gran carga trascendental, si leemos entre líneas. Comprendo que le marcó profundamente el viaje emprendido dos años antes y en plena crisis saliera de su pluma. Nunca sabemos cuándo van a aflorar nuestras hadas o nuestros demonios.
Me ha llamado la atención las precisas descripciones que realiza de los paisajes, la naturaleza y los actos de los personajes que intervienen. También que, a pesar de viajar con su compañero Alioshka, el protagonista —cuyo nombre no nos es facilitado— no cruza ni una sola frase con el mismo, tan solo con los cocheros encargados de conducir la troika en la que viajan y las otras que aparecen a lo largo del relato. La descripción de su cochero me llevó a pensar en un hombre oscuro que intentaba esconder algo realmente malévolo en su ser, algo que tal vez desvela el momento que atravesaba el autor. La acción se desarrolla en plena noche, en medio de una tormenta de nieve en donde pronto se percatan de que están perdidos. Ante esta tesitura considerarán si continuar o dar la vuelta y se cruzarán con otras troikas de correo que, aparentemente, saben localizar el camino. Tal vez los caballos sepan guiarse, pero hasta ellos parecen extenuados y desorientados. La noche y el frío llevarán al protagonista a moverse entre la realidad y un sueño, en extremo vívido y tangible, en el que nos dejará ver la diferencia de clases —que al parecer es algo que se da a lo largo de su literatura— y la muerte. Las campanas de las troikas nos marcarán el paso entre somnolencia y consciencia envueltos en pensamientos de muerte por congelación que aparecen como leves relámpagos en su cabeza.
Sinopsis
En un momento de notable crisis espiritual, Tolstói, basándose en la experiencia real de un viaje que emprendiera dos años antes, escribe La tormenta de nieve (1856). Con una muy fuerte carga metafísica, nos describe, al amparo de las condiciones externas, un sueño y la presencia de la muerte, el punto de inflexión entre el conformismo y el coraje.
Memorable y entrañablemente poética, esta narración a medio camino entre la alegoría y el diario nos habla de la toma de conciencia de uno mismo y de sus retos.



