A veces leo un libro y bueno..., puede gustarme, pero no siento la irrefrenable inquietud de conocer más sobre su autor y sus libros, pero con Muriel, esto se ha convertido en una imperiosa necesidad. Esta escritora, a la que no conocía, ha llegado para quedarse definitivamente. Como estos días no me centro mucho en la lectura, busqué recomendaciones sobre novelas cortas y oh, de momento está siendo todo un pleno.
Hablemos de Muriel, curiosamente, muchos de sus relatos son considerados sus mejores obras y El asiento del conductor, en concreto, un caso ejemplar. Lo he dicho muchas veces y me reitero, me encanta que una lectura me vapulee, sacuda mi mente y me haga pensar, como es el caso.
En esta obra, a pesar de que se sabe parte del desenlace final, no llegué a vislumbrar cómo podría desarrollarse y tan solo quería continuar recogiendo el hilo que Lise, la protagonista, iba soltando en sus peripecias excéntricas y extravagantes. De la sorpresa a la incongruencia, de la risa a incredulidad. Esta mujer parece una auténtica loca sacudida por una fuerte ambivalencia que pasa de un estado de ánimo al otro y que se mueve a fuerza de impulsos, sin ninguna lógica aparente.
Nos encontramos ante un relato original, excéntrico, negro y escrito “al revés”. Un auténtico descubrimiento que despierta al cerebro obligando a recorrer, en unos segundos, toda la trayectoria de la protagonista, iluminando los puntos clave estratégicos para el desenlace final. Una joyita negra y muy loca.
Sinopsis
Con estilo descarnado y seco, Muriel Spark narra en El asiento del conductor las últimas horas de Lise, una turista nórdica que se va de vacaciones a un país meridional del que nunca regresará.
Como en alguna ocasión declaró la escritora escocesa, su intención al escribir fue la de «aterrorizar deleitando», máxima que se cumple de modo magistral en esta turbadora novela.
De la novela David Lodge afirma: «Algunas de sus mejores obras, más que novelas, son relatos que, por su brevedad, cabe leer en una trepidante sentada. El asiento del conductor es un caso ejemplar, un extraordinario tour de force, la historia de un crimen vista al revés».
Por su parte The New Yorker señala: «Una obra maestra vidriosa y pérfida. El asiento del conductor es de una crudeza rayana en lo espeluznante».












