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La saga de los longevos II, Los hijos de Adán

 


La saga de los longevos II, Los hijos de Adán, segunda parte (y no última) de esta saga de Eva García Sáenz, esperando a que la autora publique la tercera, porque ya aviso, que de autoconclusiva nada de nada. Si ya con el primero me quedé con dudas, con el segundo me quedé en un “interruptus” un tanto tenso. Y es que ¿a quién le gusta que le dejen así?…, pues eso.

Como ya indiqué en mi reseña de “La saga de los longevos, La vieja familia”, no leí la sinopsis, pero es que cuando lo terminé, dejándome un poco a cuadros, y en contra de lo que suelo hacer, tampoco busqué más información al respecto (no estaba yo muy centrada esos días, qué le vamos a hacer). Menos mal que mi marido me iluminó hablándome del segundo libro, puesto que él ya había echado el ojo a esta autora, e indagado sobre sus títulos publicados.

Antes de continuar, decir que, a pesar de que son lecturas distintas, es muchísimo mejor leer en primer lugar estos dos libros, y después proceder a la lectura de la trilogía de La Ciudad Blanca, de la misma autora.

Para la lectura de este volumen, traté de redimir mis ausencias anteriores, leyendo la sinopsis, cuando por fin pude hacerme de él. Pero debo decir que tampoco me aportó demasiada información, para lo que después me encontré en el libro (siempre desde mi punto de vista, claro está). En este caso, para quien ya se haya leído el primer libro… ¡ojo!, solo si ya te lo has leído...

Sabrás que aparece Gunnarr, el hijo longevo de Iago, que creían fallecido. A partir de ahí, todo se da la vuelta y en cierta forma, me parece aún más rocambolesca, si cabe, la trama del mismo. A veces me parecía demasiado inverosímil y un tanto “pesado” y otras volvía a engancharme y volvía mi interés.

¿Pero cómo puede contar algo sin destripar nada? Tal vez pueda deciros que Iago y Adriana lo pasan bastante mal. Gunnarr se nos va revelando y dejándonos entrever que, bajo su fachada y férrea fidelidad a un miembro de la familia, es mucho más humano de lo que aparentaba en un principio. Algún personaje del pasado aparece inesperadamente. Héctor me deja todavía más maravillada aún con su temple, sabiduría y visión. Aparece un personaje en los inicios de la historia de la humanidad que, con el paso del tiempo (y si esta historia fuera real) podría ser de los primeros en denominarse “psicópata” y del que Héctor trata por todos los medios de proteger a su familia (aunque aquí podría haber más uno). Y que no puedo más que quedar a la espera del tercero, deseando que la autora tenga a bien dejarnos con un buen sabor de boca y termine la historia con una trilogía, tal y como ha hecho con la trilogía de La Ciudad Blanca.

Sinopsis:

«Para un longevo, el pasado siempre vuelve en forma de problemas».

La inesperada vuelta de Gunnarr, el hijo que Iago creyó muerto en la batalla de Kinsale en la Irlanda de 1602, alterará la tranquila vida que Iago del Castillo y Adriana Alameda habían conseguido construir en Santander. Pero no será la única persona de su pasado a la que Iago tendrá que enfrentarse.

Prehistoria, Europa: Lür busca a lo largo y ancho de un continente desolado al clan de Los Hijos de Adán y a su legendaria matriarca, Adana, de quien se dice que no envejece, 800 d.C., Dinamarca: Gunnarr le cuenta a Adriana sus primeros años de vida y cómo se convirtió en berserker, un peligroso y legendario grupo de mercenarios vikingos. 1.620 d.C., Nueva Inglaterra: Urko se embarca en el Mayflower hacia las costas de Massachusetts para construir la colonia de Plymouth. Allí conocerá a Manon Adams, una mujer fuerte que dejará su huella pese al paso del tiempo. De Pompeya a la Edad Media, de los clanes escoceses a los Padres Peregrinos.

La Vieja Familia recorrerá de nuevo los milenios para descubrir que sus miembros han sido perseguidos desde antes de su nacimiento.


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