Emociones humanas en una elegante historia de amor y suspense psicológico.
Reseña de Momoko y la gata
No he leído a demasiados autores japoneses hasta ahora y encontrarme con Mariko Koike ha sido un auténtico descubrimiento.
Tengo la sensación de que los autores japoneses tienen una sensibilidad y elegancia extrema para conectarnos con hechos cotidianos.
Pero aquí, tras la aparente cotidianeidad, la escritora construye una firme trama repleta de suspense psicológico. Lo que, aparentemente, puede comenzar como una ligera y dulce historia de amor hacia una niña y su padre te va envolviendo hasta dejarte cao.
Deslumbrante el estilo de su autora. Cómo te lleva con una mano suave y elegante. Te presenta a los personajes que, por lo que les ha tocado vivir, podrían ser débiles y confusos. Pero nada más lejos de la realidad, porque se van descubriendo sus personalidades complejas y fuertes.
Es curioso y no hay que perderse la última parte en la que Mariko Koike nos cuenta cómo llego a realizar, con este libro, un híbrido desviándose de las novelas de misterio. Sin someterse a reglas, sin restricciones, dejando fluir y haciendo algo que siempre le había llamado.
El resultado no puede ser más perfecto desde mi punto de vista. Momoko y Lala (la preciosa gata blanca) siempre quedarán a mi mente, protagonistas absolutas de esta maravilla.
Sinopsis
Escrito por la ganadora del Premio Naoki y del Premio Yoshikawa Eleji de Literatura, entre otros.
En esta elegante historia en la que asoman y se retratan las emociones humanas, podemos encontrar ecos de Mishima, Murakami y Kawakami.
Momoko solo se relaciona con su gata Lala desde el fallecimiento de su madre. Una relación tierna y a la vez extraña.
Masayo es contratada para cuidar de la niña. Cuando llega a la casa encuentra una niña especial, fría y de pocas palabras. Pero sabrá llegar a ella a través de Lala y poco a poco, nacerá entre ellas una tierna complicidad, a la vez que se irá enamorando de Goro, el padre de la niña. Pero este no será un amor correspondido, puesto que él solo tiene ojos para su nueva amiga: la bella Chinatsu.
La vida seguirá en una aparente calma, con un ambiente cargado de algunas mentiras. El tiempo transcurre hasta que la nieve cubre el jardín de silencio y los campos de trigo, momento en que comenzarán a salir a la luz secretos y verdades oscuras.
La dulce Lala, la gata, la esfinge blanca, se descubre como la clave de esta original novela donde se funden sentimientos e intriga, envolviendo al lector hasta un desenlace inesperado.
¿Qué me ha aportado leer Momoko y la gata?
Conocer a Momoko y a Lala ha sido una auténtica delicia de la mano de una pluma inteligente, sensible y elegante.
Mariko demuestra que hay otra forma de captar la atención del lector, otra forma de hacer. Y es muy interesante leer, tras su libro, cómo habla de esta obra escrita desde la libertad, fuera de convencionalismos del género, disfrutándola. Qué mayor orgullo que esta criatura diferente a la forma de hacer de las historias de misterio a las que antes se cernía.
Es algo que traspasa, llega y se instala en el lector.
Una auténtica maravilla que me ha llevado a replantearme las elecciones sobre escritores por los que podría decantarme y, sin duda, a partir de ahora, buscaré más autores japoneses.



