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lunes

El bigote


Llegué a este título de Emmanuel Carrére tras ver reseña del mismo en el grupo de literatura. A la vista de los toques kafkianos, del mismo no pude evitar colarlo en la lista de pendientes.

En El bigote un hombre decide afeitarse el bigote y darle una sorpresa a su mujer. Un hecho tan cotidiano en la vida de un hombre adulto, como el de afeitarse, se convierte en una pesadilla al no reparar su mujer en la falta del apéndice peludo, es más, ella termina afirmando que él nunca ha llevado bigote. De forma vertiginosa con muchos toques de humor negro, nos lleva hacia una situación inquietante y angustiosa que desembocará en un desenlace inesperado y que quedará para siempre en nuestra mente.


A pesar de que en algún  momento me ha resultado un tanto agobiante ya que se adentra de más en una locura que domina al protagonista, puedo decir que me ha gustado. Me ha recordado a una película realizada en 1963 —y que yo vi en mi juventud, mucho más tarde— que me impactó profundamente. Y hablando de películas, el propio Emmanuel Carrére llevó al cine dicha obra protagonizada por Vincent Lindon, así que tal vez haya que buscarla para ver la versión cinematográfica.



Sinopsis


Un hombre se afeita el bigote que lleva años luciendo. Lo hace en secreto, para darle una sorpresa a su mujer. Pero cuando aparece ante ella con su nueva imagen, la esposa no reacciona. No parece ver en esa cara con que lleva años conviviendo cambio alguno. No parece percatarse de que su marido se ha afeitado. Es más, cuando éste le muestra su perplejidad ante la falta de reacción, ella le asegura que él nunca ha llevado bigote. Un gesto en principio sin mucha trascendencia –afeitarse el bigote– se convierte en el punto de partida de una pesadilla kafkiana para el protagonista de esta novela.


¿Es víctima de un juego, de una broma de su entorno más próximo? ¿Se ha vuelto loco y realmente nunca llevó bigote? ¿El mundo se ha confabulado contra él para ponerlo a prueba? ¿Afeitarse el bigote puede lanzarlo a uno al abismo?


miércoles

El asiento del conductor


Si hay algo que me gusta más que descubrir un libro es descubrir un escritor, en este caso a una escritora, que aún si cabe me gusta más. Hoy te hablo de El asiento del conductor, de Muriel Spark.

A veces leo un libro y bueno..., puede gustarme, pero no siento la irrefrenable inquietud de conocer más sobre su autor y sus libros, pero con Muriel, esto se ha convertido en una imperiosa necesidad. Esta escritora, a la que no conocía, ha llegado para quedarse definitivamente. Como estos días no me centro mucho en la lectura, busqué recomendaciones sobre novelas cortas y oh, de momento está siendo todo un pleno.


Hablemos de Muriel, curiosamente, muchos de sus relatos son considerados sus mejores obras y El asiento del conductor, en concreto, un caso ejemplar. Lo he dicho muchas veces y me reitero, me encanta que una lectura me vapulee, sacuda mi mente y me haga pensar, como es el caso.


En esta obra, a pesar de que se sabe parte del desenlace final, no llegué a vislumbrar cómo podría desarrollarse y tan solo quería continuar recogiendo el hilo que Lise, la protagonista, iba soltando en sus peripecias excéntricas y extravagantes. De la sorpresa a la incongruencia, de la risa a incredulidad. Esta mujer parece una auténtica loca sacudida por una fuerte ambivalencia que pasa de un estado de ánimo al otro y que se mueve a fuerza de impulsos, sin ninguna lógica aparente.


Nos encontramos ante un relato original, excéntrico, negro y escrito “al revés”. Un auténtico descubrimiento que despierta al cerebro obligando a recorrer, en unos segundos, toda la trayectoria de la protagonista, iluminando los puntos clave estratégicos para el desenlace final. Una joyita negra y muy loca.


Sinopsis


Con estilo descarnado y seco, Muriel Spark narra en El asiento del conductor las últimas horas de Lise, una turista nórdica que se va de vacaciones a un país meridional del que nunca regresará.


Como en alguna ocasión declaró la escritora escocesa, su intención al escribir fue la de «aterrorizar deleitando», máxima que se cumple de modo magistral en esta turbadora novela.


De la novela David Lodge afirma: «Algunas de sus mejores obras, más que novelas, son relatos que, por su brevedad, cabe leer en una trepidante sentada. El asiento del conductor es un caso ejemplar, un extraordinario tour de force, la historia de un crimen vista al revés».


Por su parte The New Yorker señala: «Una obra maestra vidriosa y pérfida. El asiento del conductor es de una crudeza rayana en lo espeluznante».


viernes

La investigación


Autor con el que comencé el año 2019 y al que decidí seguirle la pista muy de cerca. Tras La nieta del señor Linh y El informe de Brodeck, la inauguración de una librería fue la excusa perfecta para buscar otra obra de Philippe Claudel que llevarme a casa. En La investigación, encontramos aquí una fábula con aires kafkianos en la que pasé de la risa a la angustia dejándome finalmente bastante tocada. Si lees a Claudel ten por seguro que te va a remover sí o sí.

La investigación es una historia rocambolesca en la que un investigador es enviado para estudiar una serie de graves sucesos acaecidos en una empresa. En los últimos tiempos un elevado número de trabajadores optaron por el suicidio. El investigador tiene ante si una ardua tarea que está dispuesto a resolver, elaborando un fiel informe sobre su investigación. Sin embargo, todo se pone en su contra desde el primer momento, como si un gran ojo vigilara sus pasos y un prestidigitador o ilusionista moviera los hilos, no solo de sus pasos sino de todos y cada uno de los escenarios en los que se moverá nuestro atribulado protagonista. Un título óptimo para debatir en un club de lectura.

La mayoría de su lectura la realicé en transporte público, por lo que más de una persona se divertiría observando mi gestos de incredulidad, sonrisas y risas sofocadas. Y es que la sátira e incongruencia envuelve la historia hasta pasar a un halo asfixiante, momento en que dejas las risas aparte, preguntándote cuánto de esta gran metáfora se da en la sociedad en la que nos movemos.

¿Hasta qué punto puede alguien actuar por iniciativa propia? ¿Es mejor dejarse llevar y convertirse en uno más o tratar de nadar en contra corriente? ¿Nos importa de verdad lo que le pasa al prójimo o tratamos solo de “cubrir” nuestro expediente para no tener problemas y así no ser señalados? ¿Estaríamos dispuestos a echar una mano a una persona que apareciera, desubicada y desesperada, ante nuestras narices?

Hace ya semanas que terminé su lectura pero aún siento la historia dando vueltas en mi cabeza retorciendo de vez en cuando un poco las entrañas. Claudel es de los que se cuela a través de los resquicios para arañar y dejar huella.

Sinopsis:

Philippe Claudel es sin duda uno de los escritores franceses más interesantes del panorama literario contemporáneo, que ha demostrado, en novelas de composición clásica como Almas grises o El informe de Brodeck, su capacidad para indagar en el pasado para iluminar nuestra comprensión del presente.

En La investigación recurre a la fábula para cuestionar lo absurdo y alienante de nuestra existencia, en la tradición de grandes maestros como Franz Kafka o Samuel Beckett, y hacer así una crítica mordaz de la sociedad actual.

Una tarde lluviosa, un anodino personaje baja de un tren en una ciudad sin nombre, extraña y familiar a un tiempo. Con paciencia, espera a que alguien se presente a recogerlo, pero nadie llega. Resignado, al caer la noche se dirige a pie hacia las oficinas de la Empresa para comenzar el trabajo que se le ha asignado: una investigación acerca de las causas de los numerosos suicidios que se han producido entre los trabajadores de esta organización gigantesca.

Sin embargo, lo que para este hombre debería ser un encargo más, se convierte en una tarea complicada desde el principio: se le niega el acceso a la Empresa fuera del horario laboral, se le requiere más documentación de la que aporta y, de nuevo en soledad, debe hacer frente a un cúmulo de dificultades para encontrar su propio alojamiento.

En una atmósfera cada vez más hostil, el Investigador se siente vigilado y sospecha que ha caído en una oscura trampa. Sin poder comer ni dormir, rodeado de empleados que se muestran ora amables, ora amenazantes, y sin hallar respuestas a sus preguntas, el Investigador presiente que él podría ser la próxima víctima de esa máquina infernal, sin rostro, que fabrica seres vacuos e identificados, como él mismo, por la función que cumplen o más bien pretenden cumplir.