Todo un clásico que tenía pendiente (como tantos otros) y obra maestra de Literatura Victoriana: Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
Durante su lectura me he preguntado cuántas novelas famosas a lo largo del tiempo están protagonizadas por huérfanos... No he sabido el número, pero he ido haciendo una lista mentalmente.
Tras un inicio que prometía, llegué a un momento en que me enervé pensando en que, por muy bien escrito que estaba, no quería leer la típica historia de amor entre una institutriz y su jefe y dueño de la casa. También llegué a enfadarme con ciertas conductas de algún que otro personaje... Pero hay que recordar la época en la que está escrito y que fue considerado una revolución para su tiempo, a la vez que se trata de una crítica a la sociedad del momento.
Continué avanzando en su lectura y, más o menos a mitad de libro, da un giro inesperado. Solo pude admirar el ingenio y el buen hacer de Brontë. Todo ello de la mano de una mujer fiel a sí misma, segura, apasionada, que no duda en defender sus ideales por encima de todo y actuar en consecuencia, a costa de lo que sea. Jane Eyre una mujer adelantada a su tiempo.
Sinopsis:
Dueña de un singular temperamento desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood, Jane Eyre logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester. Poco a poco, el amor irá tejiendo su red entre ellos, pero la casa y la vida de Rochester guardan un estremecedor y terrible misterio.
