Orgullo y prejuicio era uno de esos libros que estaban en la pista de despegue esperando que le llegara el momento. Ahora sí, por fin leí a Jane Austen.
Debo reconocer que a veces me cuesta mucho empatizar con historias que se desarrollen en épocas en donde la mujer debía de ser solo bonita, sumisa y estar preparada para casarse, hacer las labores de su casa y cuidar de su marido. Aún hoy en día las mujeres debemos de enfrentarnos a muchas situaciones de desigualdad y estereotipos y, francamente, cuando leo, veo, oigo sobre ello, se me revuelven las tripas y la guerrera que llevo dentro saca arco, flechas y espada. Así que debo de respirar y decirme a mí misma, “Venga Inma, que es uno de los grandes clásicos. Ten en cuenta que era otra época. Que no te guste esto, no quiere decir que no sea un gran libro o que no te vaya a gustar la historia.” Dicho y hecho. Tras la pausa vuelvo siempre a la lectura.
Austen hace gala de su gran maestría como escritora hilvanando la historia con grandes toques de ironía que me han hecho sonreír en más de una ocasión. Retrata a la perfección la psicología de la burguesía inglesa con sus prejuicios sociales y su altanería. Podría decirse que se trata de una novela romántica, de las que huyo despavorida, pero no es ni típica ni usual, por lo que merecía la pena continuar a pesar de la temática.
Aún así, una vida social en la que lo importante era aparentar, buscar marido y hacer de alcahueta me ha traído un poco por la calle de la amargura, hasta más o menos mitad de libro. Pero cuando llega el momento de las calabazas… ah, aquí ya la cosa cambia y comienza a ponerse interesante, por lo menos para mí. Desde ese momento el señor Darcy ha ido ganando puntos como personaje digno de conocer y al que dar una oportunidad y Elizabeth una mujer con las cosas muy claras, a la que sin embargo, se le va cayendo la venda de los ojos poco a poco… la verdad, es que me he sentido algo identificada, ahora que lo pienso, pero eso es otra historia. Ahora tengo unas ganas locas de ver la película con Keira Knightley y Matthew MacFadyen.
Qué malos son los prejuicios y qué malo es el orgullo. Si no queda bien claro con el título, es algo que constantemente te recuerda la escritora a lo largo de todo el libro.
Una anotación: no hay que perder de vista a los padres de la protagonista, porque forman una pareja curiosa y con la que me he reído mucho (y de la que no quisiera tener cerca a la mujer).
Sinopsis:
Publicada originalmente en 1813, Orgullo y prejuicio es una de las obras maestras de la literatura inglesa de todos los tiempos.
A lo largo de una trama que discurre con gran ritmo y precisión, Jane Austen reúene una galería de personajes característicos de toda una epoca: la dama empeñada en casar a sus hijas con el mejor partido de la región, las hermanas que se debaten con sus vaivenes sentimentales, el clerigo adulador que peca de oportunista... El estudio de caracteres y el análisis de las relaciones humanas basadas en la costumbre, elementos esenciales de la narrativa de la autora, alcanzan en Orgullo y prejuicio cotas de maestría insuperable.
Jane Austen ocupó un lugar preminente en la literatura británica. Reivindicada vehementemente por Rudyard Kipling y Edward Said, la elegancia estilística de su prosa, su ironía y, sobre todo, su perspicacia para el retrato social convierten sus obras en una referencia ineludible de la literatura del siglo XIX. Orgullo y prejuicio, su novela más conocida, narra cómo Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy se enfrentan a sus prejuicios movidos por el amor que, contra pronóstico, surge entre ellos.“Es una verdad reconocida universalmente que a todo hombre soltero que posee una gran fortuna le hace falta una esposa.”
"Mi locura no ha sido el amor sino la vanidad."
