Casas vacías ahonda en los rincones extremos y oscuros de dos tipos distintos de maternidad. Destapa, descubre, azota y arrasa.
Reseña de Casas vacías
Brenda Navarro sorprende poniéndose en la piel de dos madres pertenecientes a dos mundos totalmente distintos y opuestos. ¿Cómo es posible que esta escritora nos relate esta historia a dos veces como si se desdoblara físicamente?
Seguro que quien me lea piensa que esto lo hacen la gran mayoría de los escritores libro tras libro. El escritor/la escritora construye con minuciosidad cada personaje. Insufla vida, carácter, gustos, manías, puntos fuertes y débiles, vivencias...
Cuando un personaje está bien consolidado llegamos a sentirlo en extremo próximo. Lloramos y reímos con él. Entendemos sus penas. Le acompañamos a lo largo de sus experiencias. Queda con nosotros cuando el libro termina.
En este caso he sentido que no eran personajes. He sentido que Brenda se desdoblaba convertida en dos personas reales que nos contaban su historia, su verdadera historia. Para mí ya no eran personajes próximos, sino mujeres reales que vomitaban su angustia junto con sus secretos inconfesables como madres.
La madre biológica atormentada ante la desaparición de su pequeño. Sepultada por la culpa, la impotencia y la sensación de que nunca fue una buena madre… que no debería haber sido madre.
Por otro lado tenemos a la que se convierte en madre tras secuestrar al pequeño. Siempre ha soñado que su precaria y mísera existencia, exenta de amor, cambiaría en el momento en que tuviera a su cuidado a un pequeño ser.
Contrarrestando estos dos personajes y su tremenda carga existencial y emotiva, encontramos un personaje secundario ante el que quitarse el sombrero. La vida y sus circunstancias nos construyen como individuos pero, a veces, aparece alguien tocado, no se sabe si por un ángel, que se sobrepone a todo y se erige en un ser extraordinario.
Esos seres compensan y equilibran toda la angustia y maldad entre la que han crecido y que se adhiere a su piel. Llenos de luz parecen inmunes a ello. Nos guían, nos iluminan, hasta que, cansados de golpearse contra el muro de nuestra incapacidad para reconstruirnos de nuestras cenizas, se despegan para vivir sus propias vidas.
Si hay una palabra que pueda resumir mi opinión con respecto a Casas vacías, es ¡bestial!
Sinopsis
En esta sociedad siempre se asocia maternidad con felicidad, pero ¿es así? Tal vez tenemos una idea demasiado idealizada de la misma porque también puede convertirse en un mal sueño. Una pesadilla para la mujer cuyo hijo desaparece mientras está jugando en el parque, y otra para aquella que se lo lleva porque siempre ha ansiado ser madre.
Brenda nos sitúa en dos historias paralelas con una profunda precariedad física y emocional. Ambas, madres del mismo niño (Daniel, para su madre biológica y Leonel, para su madre secuestradora) nos abofetean con sus cruentas realidades, en donde destaca, como un faro, la desigualdad social.
Brenda Navarro consigue caminar en la delgada línea que separa y une, al mismo tiempo, olvido y memoria, esperanza y depresión, pérdida y encuentro. Esclarecedora a la vez que devastadora. Remueve hasta los cimientos.
¿Qué me ha aportado leer Casas vacías?
Leer Casas vacías me ha enfrentado a la oscuridad de la maternidad en una sociedad que nos intenta convencer de que es la máxima felicidad para una mujer.
Esta historia es incómoda, aterradora, duele porque desgarra por dentro. Arrasa y desarma esas “creencias” impuestas. Destapa realidades paralelas e hizo que mirara en mi interior analizando lo que me une o separa de estas mujeres.
Me ha llevado a comprenderlas, a analizar los componentes de sus existencias, a sentir empatía y a querer consolarlas. A veces más a una que a otra, a veces a ninguna, pero mentiría si dijera que no he sentido la necesidad de consolar en algún momento a alguna de ellas.
El conocimiento es fuente de saber y es importante para crecer, evolucionar y ser mejor persona.
