jueves

Bajo el árbol de los toraya


Me habían recomendado mucho a Philippe Claudel e investigando en E-biblio descubrí este Bajo el árbol de los toraya. Me llamó la atención su título y decicí conocer por fin al autor. Tras su lectura, considero que no es el mejor libro para iniciarse con Claudel, porque, si bien es cierto que me ha gustado muchísimo cómo escribe, no era mi momento dada su temática y forma.

Se trata de una historia intimista, tipo diario, en la que el protagonista recuerda episodios de su vida en paralelo con la vida de su amigo y confidente fallecido. Bajo el árbol de los toraya, como primer lectura del año, no ha sido una lectura alegre, pero la historia no es ni más ni menos que la vida en si, con sus subidas y bajadas, un camino donde encontramos a seres que llegan para quedarse en nuestra vida, hasta que la muerte nos separa de ellos. Porque así Claudel, de forma metafórica, con sus recuerdos, construirá un árbol de los toraya en el que envolverá vida, amistad y amor.

No estoy acostumbrada a este tipo de literatura intimista y menos aún si ronda la idea de la muerte de un ser querido. Como digo, si no me hubiera quedado solo en el escritor y poco más, no lo hubiera elegido como mi primera lectura del año. Sin embargo, a su término, tuve bien claro que continuaría leyendo a Claudel.

Sinopsis:

En las montañas de la isla indonesia de Célebes vive el pueblo de los toraya, conocido por unos ritos funerarios que se prolongan durante varios días y congregan a toda la comunidad. Cuando un bebé muere, por ejemplo, su cuerpo se deposita en el interior del tronco de un árbol centenario que, poco a poco, lo envuelve y se nutre de él. Así, al crecer, el árbol conduce a los niños hacia el cielo, un símbolo escultórico mediante el cual se mantienen próximos los seres amados que ya no están.

El narrador de esta historia, un cineasta profundamente afectado por el fallecimiento de Eugène, su mejor amigo y confidente, descubre en los árboles de los toraya la síntesis del misterio de la vida y la muerte, como una llave maestra capaz de abrir ese recinto hermético en el que las personas escondemos las vivencias más íntimas. Asomándose al abismo de la pérdida, el narrador se encuentra, paradójicamente, cara a cara con la intensidad del amor, ese enigma insondable que nos liga al futuro mientras el presente desgarra nuestro ser.

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