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Cartas de una pionera

Reseña de Cartas de una pionera

En cartas de una pionera he encontrado una nueva corriente narrativa con la que he sufrido un auténtico flechazo: “nature writing”, aunque si os digo la verdad, no me gusta nada el tema de los anglicismos teniendo un idioma tan sumamente extenso y rico.

Voy a llamarlo simplemente “historias de naturaleza salvaje”…, sí, me gusta más, aunque alguna vez no sea salvaje.

Nada como transportarme a un bosque o similar para encontrar una calma que me embriaga. Uy, ¡si pudiera teletransportarme!

Gracias a unas recomendaciones, de las que tomé buena nota, llegué a este “Cartas de una pionera”, que me han mantenido expectante siguiendo las correrías de esta valiente mujer:

Elinore, viuda y con una niña de 2 años, decide dejar la ciudad y buscar una nueva vida al oeste de los Estados Unidos, allá por el año 1909. En el libro se recogen 27 cartas que le escribió a su antigua jefa y amiga que quedó en Denver. Sin ser escritora, demuestra una gran locuacidad y manejo del idioma.

Me ha sorprendido con unas extraordinarias descripciones de del entorno, unas preciosas e ingeniosas metáforas y, sobre todo, con una frescura y buen humor que traspasan las páginas.

Sinopsis

En 1909 Elinore Pruitt Stewart, joven viuda con una hija de dos años, decide romper con su precaria vida en la ciudad y emigrar como colona al oeste de los Estados Unidos.

Cartas de una pionera es la correspondencia original que mantuvo Elinore con una antigua patrona y amiga de Denver

En sus veintisiete cartas la protagonista nos relata de manera magistral su llegada a las montañas de Wyoming y su adaptación a un medio tan bello como implacable.

Con su narración aprenderemos a realizar todas las labores de un rancho, a conducir un trineo tirado por caballos a través cañones nevados, a sobrevivir a una tormenta azul o a ayudar a una parturienta en una cabaña aislada en medio del bosque.

También acamparemos entre forajidos, comeremos riquísimas ardillas a la brasa y beberemos un delicioso café negro mientras contemplamos al raso un montón de amaneceres. Y todo ello contado con el espíritu irónico, rebelde e inquebrantable de la señora Stewart.

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