Cuando elegí comenzar con La saga de los longevos, La vieja familia, de Eva García Sáenz, me dejé guiar mucho por las buenas críticas, las recomendaciones sobre la autora, la portada, el nombre… y sí, lo admito, no me leí la sinopsis, ups… Suelo hacerlo, pero no sé decir el motivo por el cual no lo hice esta vez, ni en otros leídos de la autora. Pero vaya, era así como “pero si está claro, va de longevos y de sagas… de familias, vaya”. Pues oye, al final no iba yo tan desencaminada.
Una de las cosas que me ha sorprendido muy gratamente es la inmensa labor de investigación y documentación realizada por la autora. De verdad, me quito el sombrero. Y esto se deja traslucir mucho en toda la lectura de la obra. En este sentido, es una auténtica gozada.
Por otra parte creo que los personajes están muy bien construidos. Tenemos a la protagonista, Adriana, que, tras diferenciarse por tender a huir de las situaciones, queda anclada y se enfrenta con la realidad a la que le lleva aceptar un puesto de trabajo en el MAC (Museo de Arqueología de Cantabria). Por otra parte, tenemos a Iago y a Héctor de los que he quedado prendada. Y para cerrar la cuadratura del círculo, a Lyra que dedica su vida al estudio del gen longevo junto con Nagorno que aportará la dosis necesaria para tener siempre a la familia en vilo.
La verdad, es que he disfrutado mucho de su lectura, volviendo un tanto a la narrativa más bien algo fantástica que tanto me gusta, dado que ¿por qué no va a ser posible que alguien no envejezca nunca? Tal vez a veces ha pecado un poquito de más la historia romántica que se forma entre Iago y Adriana, pero de alguna forma es uno de los pilares para que se desarrolle toda la historia, así que, tampoco está mal y lo dejo correr.
La próxima reseña: Los hijos de Adán.
Sinopsis:
¿Qué harías si tu jefe, un experto arqueólogo, te confesara que nació hace 10.300 años?
“La saga de los longevos” es un adictivo cóctel de arqueología y flashbacks históricos —prehistoria, celtas, escitas, la rebelión de Boudicca, la batalla de Kinsale, y una fascinante historia de amor escrita desde dos puntos de vista: la voz fresca de Adriana, una joven arqueóloga, y el tono pausado de Iago, un enigmático hombre que aparenta treinta y cinco años pese a haber nacido en la Prehistoria.
«Corre el año 2012. Iago del Castillo, un carismático longevo de 10.300 años al frente del Museo de Arqueología de Cantabria, se ve arrastrado, en contra de su voluntad, a dirigir una investigación genética: sus hermanos Nagorno —un conflictivo escita de casi 3.000 años— y Lyra —una huidiza celta de 2.500 años—, cansados de enterrar durante siglos a sus familias efímeras, están obsesionados con identificar su rara mutación y tener hijos longevos.

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