miércoles

La sala número seis


El tiempo de confinamiento sirvió, entre otras cosas, para tener más cerca parte de nuestra biblioteca, lo cual me tiene loca de contento. Recordando el reto "Ni un libro sin leer", y dado que me hallo en búsqueda de obras cortas, me lancé a la lectura de
La sala número seis, de Anton Chéjov.

La obra nos habla del doctor Efímich, acomodado en una vida sencilla, repleta de horas de lectura, su cerveza de media tarde y su trabajo en el hospital, en donde tampoco se mata a trabajar, ni por horas, ni por empeño.


En dicho centro encontramos la sala número seis donde están confinados un puñado de dementes. La situación del hospital y de la propia sala no es la mejor, pero a veces es más fácil hacer oídos sordos, porque, al fin y al cabo, las cosas son como son y él tampoco puede hacer mucho…


Sin embargo un buen día decide hacer una visita a estos especiales pacientes encontrándose, entre ellos, con un personaje de una inteligencia sublime y con el que descubre que le encantaría horas y horas dialogando, si no fuera porque está loco.


No obstante, su anhelo es poder entablar conversaciones plagadas de chispa y sabiduría, por lo que sus visitas pasarán a ser algo cotidiano dentro del funcionamiento de dicha sala. Esto conllevará a que se trastoquen sus costumbres y que la gente que le rodea comience a considerar que ha caído preso de una enfermedad.


A pesar de su brevedad, perdí el hilo sobre la mitad, muy posiblemente debido a mi falta de concentración en esos días. Por este motivo no puedo decir que haya sido una gran lectura para mí, sin embargo conforme avanzaba hacia el desenlace me he removido inquieta y de nuevo ha captado toda mi atención.


Una gran crítica al funcionamiento de los hospitales de la Rusia de aquellos años, y más en concreto, hacia el trato a los pacientes con enfermedades mentales. Aunque, si seguimos ahondando en la obra, encontramos también una crítica hacia la sociedad en la actualidad: el trato a los ancianos, a los niños, a una vida alineada en donde no hacemos nada por resolver, a pesar de ser conscientes de muchas situaciones, porque, tal vez, no esté en nuestras manos o así lo consideramos. Sin embargo siempre estamos dispuestos a criticar..., esto es mucho más fácil, dado que solo debemos de hablar de los actos de los demás, pero no de los propios, porque ni siquiera es necesario tenerlos.


Me permito obviar la sinopsis en esta ocasión dado que, a mi entender, desentraña demasiado del argumento.


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